• Joel Gadea

La memorable batalla de Dortmund


Italia venció, contra pronóstico, 2-0 a Alemania en Dortmund en la prórroga de la semifinal del Mundial 2006 y se metió en la final de la Copa del Mundo, trofeo que se llevaría tres 24 años de sequía.

Pirlo contra Podolski durante el partido. Fuente: Andrew Medichini (AP)


Una Nazionale Azurra en horas bajas, firmando un mediocre torneo se había plantado en semifinales. Sin hacer mucho ruido, al más puro estilo italiano, habían dejado por el camino a Ucrania en Cuartos y a Australia en Octavos, con un gol de Totti en el 95. En grupos, una empate frente a a EEUU y dos victorias sin brillo frente a Ghana y a la Republica Checa, habían aupado a los transalpinos a la fase eliminatoria como primeros de grupo.


El caso de amaños Moggigate se había destapado un mes antes del Mundial, afectando a muchos de los jugadores que estaban seleccionados a jugarlos y a varios de los mejores clubes de Italia. Parecía que el Mundial de Alemania no llegaba en el mayor momento para Italia, que no lo ganaba desde España 1982.

Alemania, por su parte, había iniciado un proceso de reconstrucción tras el fiasco en la Eurocopa de Portugal, dónde no pasaron de la Fase de Grupos. De la mano de Jürgen Klinsmann, el futbol alemán había experimentado una apertura de mente y dejado de lado el clásico futbol de raza y fuerza para dejar paso al talento y la organización, basado en un refuerzo y una apuesta por las categorías inferiores, tanto en clubes como en la Mannschaft. Un partido para el recuerdo contra Argentina en Cuartos, en que los alemanes se impusieron en los penales y unos Octavos sencillos ante Ecuador precedieron al choque de semifinales ante Italia, el duelo de las dos más grandes selecciones euorpeas.

Los alemanes salieron al Westfallen Stadion con: Lehmann; Lahm, Metzelder, Mertesacker, Friedrich; Schneider, Ballack, Kehl, Borowski; Podolski y Klose. El medio centro Frings, habitual en el centro del campo, fue expulsado después del choque ante Argentina en una tangana y no pudo ser de la partida. Una baja sensible para Klinsmann. Un jovencísimo Schwensteiger era el jugador 12 de un renovado combinado alemán.

Por su parte, Italia jugó de inicio con Buffon; Zambrotta, Cannavaro, Materazzi, Grosso; Pirlo; Gatusso, Perrotta, Camoransessi; Totti y Luca Toni. Más nombres y más oficio en el cuadro que dirigía Marcello Lippi, que se permitía el lujo de dejar a Del Piero en el banco. Sin focos sobre ellos apuntándoles como favoritos es como se comenzaron a sentir a gusto hasta llegar a ser imparables.

El partido se disputó con la velocidad e intensidad típica de esos partidos que se recuerdan para siempre. El estadio fetiche para Alemania fue testigo de la grandeza de este deporte, con una Selección local atacando sin cesar y una Italia defendiéndose de forma esplendorosa. Cannavaro y Materazzi ejerciendo de mariscales en casa de Beckenbauer, que reventaron en el juego psicológico a una Alemania exhausta por la prórroga frente a Argentina.

Los teutones se impusieron en todo el campo pero perdieron en las áreas. La última media hora de partido, con dos tiros al palo de Italia (Zambrotta y Gilardono), que había entrado en la segunda parte) evidenciaron que el partido llegaba a la prórroga en condición inmejorable para los italianos.

Pasaban los minutos, acuciaba el cansancio, Buffon era un muro infranqueable y llegó el pase de un genio. ¿Saben cuándo alguien ve una cosa que sólo él puede ver? Pues Pirlo, en una jugada con Alemania encerrada en su área, vio un pase inexplicable al hueco Grosso, que definió con una rosca al palo largo que Lehmann sólo vio pasar. Nadie podía esperar que un lateral izquierdo decidiera una semifinal y una final de un Mundial pero Fabio Grosso se encargó de demostrar que todo es posible. Italia estaba arriba y faltaba un minuto para el final del choque, que ya opositaba a entrar directo a la galería de partidos míticos de la historia de la Copa del Mundo.

Grosso celebrando su gol. Zambrotta detrás. Fuente: TheGuardian

Alemania, como es obvio, se volcó en ataque, comandada por un Bastian Schwensteiger que ya en ese entonces, se erigía como líder de una selección alemana que volvía a ser grande. En esas, Italia cazó un contragolpe en la última jugada del encuentro Gilardino puso en bandeja la sentencia a Del Piero, que finiquitó el partido con un tiro de calidad en un mano a mano con el arquero alemán


Del Piero batiendo a Lehmann. Fuente: Aris Messinis (AFP Photo)


Se acabó el partido ahí, ante 65.000 almas alemanas entregadas a su equipo pese a la derrota y con Italia, de nuevo en la final del Mundial, 12 años después. No menos mítica sería la final frente a la Francia de Zidane en Berlín, pero esa es otra historia.

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